martes, 25 de mayo de 2010

Noviazgo


Déjame pensarlo…Quizá sea la respuesta más frecuente para los numerosos galanes que a lo largo de generaciones se acercan a la mujer de sus sueños y después de varios minutos de manos sudadas y de sentir mariposas en el estomago, preguntan con voz temblorosa ¿Quieres ser mi novia?

Después de sonrojarse mordiéndose los labios, y pensando en los consejos que telefónicamente le dio alguna de sus amigas minutos antes (hazlo sufrir, date a desear...), la codiciada quinceañera dice: déjame pensarlo, luego un frágil beso en la mejilla y una carrera de despedida.

Esa irreflexiva respuesta, que en ese momento podría convertirse casi, casi en una estrategia o un juego sentimental, debería estar motivada por una de las más profundas reflexiones que debe realizar el ser humano.
La falta de una profunda reflexión sobre este tema, ¿no será la razón que motiva la mayor parte de los fracasos matrimoniales? Es indudable que en el noviazgo existan influencias tanto positivas como negativas, que tienen como fondo común la cultura, la cual contribuye de manera importante en una integración o deterioro de las relaciones conyugales.

Desde luego la respuesta no puede basarse en un sentimiento, sino en una convicción, ya que va de por medio la racionalidad, lo que implica necesariamente el mutuo conocimiento de quienes pretenden entregarse sus vidas por ese amor, que requiere además del conocimiento y la comunión de sus ideales.

La base de de este conocimiento es la comunicación. Un noviazgo sin comunicación no puede crecer unido. Cada varón o mujer debe buscar, por tanto, realizar una elección correcta de la persona que mejor se adapte e identifique con el esquema de vida que se ha trazado para alcanzar sus ideales. El noviazgo debe ser la escuela del amor, en la que los jóvenes se conocen a fondo y aprenden a amarse de verdad, a desprenderse de sí mismos para darse al otro y dar vida a otros.

La expresión de que el amor es ciego expresa realmente los efectos de un enamoramiento meramente pasional y sentimental, lo que hace a muchos jóvenes ver solamente lo positivo que hay en sí mismos y en la persona amada, pero en realidad, no es el amor sino los afectos los que pueden ser ciegos.

El amor verdadero quiere ver porque quiere conocer para amar al otro tal cual es. Muchas veces, guiados por nuestro enamoramiento, y sin tener una preparación sobre el significado del amor, nos dejamos llevar por la imaginación y empezamos a crear sueños. El soñar no es malo, pero siempre que se sueña, se debe saber que se corre el riesgo de despertar. El peligro está en no querer despertar de ese sueño y pretender no vivir en él.

El hombre es libre para ofrecer su amor, pero una vez ofrecido, tiene el deber de encontrar en la lealtad a ese amor, su fortaleza, y en el amor mismo su recompensa. Cuando un ser humano llega a esa situación y se mantiene en ella, entonces se puede afirmar que está viviendo en el amor, y por lo tanto, está listo para unir su vida a la de otra persona.

Recuerda el amor no se improvisa,el amor requiere de una madurez para unir la vida de las personas.

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